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 BIBLIA EN LÍNEA (Traducciones comparativas)

BIBLIA EN LÍNEA (En varios idiomas)

 

La enseñanza bíblica que conduce

a la madurez espiritual

 

"Por esta razón, ya que hemos dejado la doctrina primaria acerca del Cristo, pasemos adelante a la madurez, y no pongamos de nuevo un fundamento, a saber, arrepentimiento de obras muertas, y fe para con Dios"

 

(Hebreos 6:1)

 

¿Qué es la madurez? En el contexto de la cita bíblica anterior, es el estado del hombre maduro: "Pero el alimento sólido pertenece a personas maduras, a los que mediante el uso tienen sus facultades perceptivas entrenadas para distinguir tanto lo correcto como lo incorrecto" (Hebreos 5:14). Por supuesto, el "hombre maduro", en el contexto bíblico, es un "hombre espiritual": "Sin embargo, el hombre espiritual examina de hecho todas las cosas, pero él mismo no es examinado por ningún hombre" (1 Corintios 2:15).

 

Para tener una idea más completa de lo que implica la madurez cristiana, podemos detenernos por un momento en la definición de la palabra griega para este texto de la Biblia: "Teleiotes". De acuerdo con la Concordancia de Strong (G5047): es el estado de perfección mental o moral, perfección". En algunas traducciones de la Biblia, esta palabra se traduce como "perfección", "madurez", "el ser adulto".

 

La madurez cristiana no es una finalidad, sino una etapa que abre nuevas perspectivas espirituales para el cristiano que la alcanza, como lo escribió el apóstol Pablo: "Porque, en realidad, aunque deberían ser maestros en vista del tiempo" ( Hebreos 5:12). ¿Pero cómo alcanzar la madurez cristiana? Para esto nos basaremos en un texto del libro bíblico de los Proverbios:

 

"Hijo mío, si recibes mis dichos y atesoras contigo mis propios mandamientos, de modo que con tu oído prestes atención a la sabiduría, para que inclines tu corazón al discernimiento; si, además, clamas por el entendimiento mismo y das tu voz por el discernimiento mismo, si sigues buscando esto como a la plata, y como a tesoros escondidos sigues en busca de ello, en tal caso entenderás el temor de Jehová, y hallarás el mismísimo conocimiento de Dios. Porque Jehová mismo da la sabiduría; procedentes de su boca hay conocimiento y discernimiento. Y para los rectos atesorará sabiduría práctica; para los que andan en integridad él es un escudo, 8 mediante la observación de las sendas del juicio, y él guardará el mismísimo camino de los que le son leales. En tal caso entenderás justicia y juicio y rectitud, el derrotero entero de lo que es bueno" (Proverbios 2:1-9).

 

El temor de dios

 

Él que ha alcanzado la madurez cristiana tiene la sabiduría, el discernimiento, el entendimiento, en conocimiento de Dios disponible en la Biblia. Este texto explica la razón principal que debe animarnos a alcanzarla: "en tal caso entenderás el temor de Jehová". De hecho, la búsqueda de estas cualidades espirituales muy deseables debe centrarse en nuestra relación exclusiva con Jehová Dios.

 

Por supuesto, el "temor" de Jehová que se menciona en este texto no tiene nada que ver con un "temor morboso" de Dios, un miedo constante al castigo divino. Tal temor es incompatible con el amor a Dios: "Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en unión con Dios, y Dios permanece en unión con él. Así es como el amor ha sido perfeccionado con nosotros, para que tengamos franqueza de expresión en el día del juicio, porque, tal como es ese, así somos nosotros mismos en este mundo. No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor ejerce una restricción. En verdad, el que está bajo temor no ha sido perfeccionado en el amor. En cuanto a nosotros, amamos, porque él nos amó primero" (1 Juan 4:16-19).

 

La palabra hebrea "yirah", traducida por "temor" de Jehová, en el texto de los Proverbios puede tener el significado de "reverencia", es decir, un temor reverencial a Dios, en este contexto (Concordancia de Strong (H3374)). Esto significa que la persona que ha alcanzado la madurez cristiana comprenderá que su relación con Jehová es un gran privilegio que Dios nos otorga. Además, cuando nos acercamos a Dios con la oración, podemos hacerlo con franqueza, pero también con un temor reverencial que se debe a la Persona más importante de toda la creación visible e invisible.

 

El conocimiento, el entendimiento, el discernimiento

y la sabiduría práctica

 

Si el deseo de alcanzar la madurez cristiana requiere esfuerzo y paciencia, de acuerdo con este texto de Proverbios, solo se puede lograr con la ayuda de Dios: "Porque Jehová mismo da la sabiduría" (Proverbios 2: 1-9). Jesucristo confirmó que la adquisición de la sabiduría que proviene de Dios no es, en absoluto, el resultado de un proceso intelectual como si se obtuviera un diploma: "En aquella ocasión Jesús tomó la palabra y dijo: “Te alabo públicamente, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas de los sabios e intelectuales y las has revelado a los pequeñuelos" (Mateo 11: 25). Entonces, antes de obtener sabiduría, debemos humildemente, como "pequeñuelos", pedirle a Dios, mediante la oración: "Por lo tanto, si alguno de ustedes tiene deficiencia en cuanto a sabiduría, que siga pidiéndole a Dios, porque él da generosamente a todos, y sin echar en cara; y le será dada" (Santiago 1:5).

 

Sin embargo, según el libro de Proverbios, Dios espera que hagamos esfuerzos constantes, tanto para adquirir la madurez cristiana como para mantenernos maduros: "si sigues buscando esto como a la plata, y como a tesoros escondidos sigues en busca de ello" (Proverbios 2:1-9). Jesucristo enseñó que a menudo la bendición de Dios se obtiene con la insistencia, lo que demuestra que la tomamos a pecho: "Sigan pidiendo, y se les dará; sigan buscando, y hallarán; sigan tocando, y se les abrirá. Porque todo el que pide recibe, y todo el que busca halla, y a todo el que toca se le abrirá. De veras, ¿quién es el hombre entre ustedes a quien su hijo pide pan..., no le dará una piedra, ¿verdad? O, quizás, le pida un pescado..., no le dará una serpiente, ¿verdad? Por lo tanto, si ustedes, aunque son inicuos, saben dar buenos regalos a sus hijos, ¡con cuánta más razón dará su Padre que está en los cielos cosas buenas a los que le piden!" (Mateo 7:7-11).

 

En Proverbios 2: 1-9, encontramos varias cualidades espirituales que nos permitirán alcanzar la madurez cristiana: el conocimiento, el entendimiento, el discernimiento, la sabiduría práctica.

 

El conocimiento e el entendimiento

 

El conocimiento se refiere al depósito del espíritu santo de la Biblia, el conocimiento de Dios escrito: "Porque ustedes saben esto primero, que ninguna profecía de la Escritura proviene de interpretación privada alguna. Porque la profecía no fue traída en ningún tiempo por la voluntad del hombre, sino que hombres hablaron de parte de Dios al ser llevados por espíritu santo" (2 Pedro 1:20,21). La Biblia fue inspirada por Dios (2 Timoteo 3:16,27). Si, por supuesto, este depósito del conocimiento de Dios está disponible para cualquiera que desee leerlo, no es el caso de su comprensión : Depende del que Dios nos otorgue el entendimiento de la Biblia.

 

El entendimiento de Proverbios 2:1-9 no es la mera facultad innata de comprensión de un conocimiento general. En la Biblia hay ejemplos de personajes que tenían un gran conocimiento de los textos bíblicos, intelectuales de la Biblia, sin embargo, que pasaron por alto lo esencial o no entendieron el significado del mensaje. Tomemos el ejemplo del apóstol Pablo, antes de convertirse al cristianismo: "Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad a los pies de Gamaliel, instruido conforme al rigor de la Ley de nuestros antepasados, siendo celoso por Dios así como todos ustedes lo son este día. Y perseguí de muerte este Camino, atando y entregando a las prisiones tanto a varones como a mujeres, como puede dar testimonio de mí el sumo sacerdote así como toda la asamblea de ancianos. De ellos también obtuve cartas para los hermanos de Damasco, y estaba en camino para también traer atados a Jerusalén a los que estaban allí, para que fueran castigados" (Hechos 22: 3-5 comparar con Mateo 23).

 

No podemos negar que Saulo de Tarso, quien más tarde sería el apóstol Pablo, conocía la Biblia y probablemente mejor que la mayoría de los cristianos que perseguía. Sin embargo, carecía de lo esencial, el entendimiento que proviene de Dios y que consistía en entender que Jesús era el Cristo. El relato de Hechos nos muestra cómo Dios le dio aquel entendimiento por medio de Cristo, literalmente haciendo que "escamas" cayeran de sus ojos antes de recobrar la vista: "Pero Saulo, respirando todavía amenaza y asesinato contra los discípulos del Señor, fue al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que pudiera traer atados a Jerusalén a cualesquiera que hallara que pertenecieran al Camino, tanto a varones como a mujeres. Ahora bien, al ir viajando se acercó a Damasco, cuando de repente una luz del cielo fulguró alrededor de él, y él cayó a tierra y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me estás persiguiendo?”. Dijo él: “¿Quién eres, Señor?”. Él dijo: “Soy Jesús, a quien estás persiguiendo. Sin embargo, levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que tienes que hacer”. Ahora bien, los varones que viajaban con él estaban parados sin poder hablar, oyendo, en realidad, el sonido de una voz, pero sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía abiertos los ojos, no veía nada. De modo que lo llevaron de la mano y lo condujeron a Damasco. Y por tres días no vio nada, y ni comió ni bebió" (Hechos 9:1-19).

 

Por lo tanto, existe una diferencia entre el conocimiento disponible en la Biblia y el entendimiento otorgado por Dios a través de Jesucristo: "Porque “¿quién ha llegado a conocer la mente de Jehová, para que le instruya?”. Pero nosotros sí tenemos la mente de Cristo" (1 Corintios 2:16). Cuando una persona entiende con la aceptación en su corazón del conocimiento bíblico, se puede decir que manifiesta una fe de acuerdo con la voluntad de Dios: "Fe es la expectativa segura de las cosas que se esperan, la demostración evidente de realidades aunque no se contemplen" (Hebreos 11: 1). El término "demostración" en relación con la fe, presupone un conocimiento "lógico", incluso si se trata de realidades que no se pueden ver por ser espirituales.

 

El conocimiento y el discernimiento

 

En la carta a los Hebreos, se refiere a dos formas de conocimiento, la "doctrina primaria" y el "alimento sólido", que es un conocimiento más complejo. En el texto griego, en realidad hay dos palabras que se refieren a estas dos categorías de conocimiento, respectivamente. Están juntas, en la segunda carta de Pedro, "Gnosis" y "Epignosis": "Que bondad inmerecida y paz les sean aumentadas por un conocimiento exacto (Epignosis) de Dios y de Jesús nuestro Señor. (...) Sí; por esta misma razón, contribuyendo ustedes en respuesta todo esfuerzo solícito, suministren a su fe, virtud; a [su] virtud, conocimiento (Gnosis); a [su] conocimiento, autodominio; a [su] autodominio" (2 Pedro 1: 2,5,6). En esta traducción de la Biblia, la expresión "conocimiento exacto" parece ilustrar la precisión de un conocimiento más complejo y más detallado. Permite saber cuándo aparece la palabra griega "Gnosis" (Conocimiento) y "Epignosis" (Conocimiento exacto) en el texto griego mediante esta traducción de la Biblia.

 

Sin embargo, cualquier conocimiento, no importa cuán difícil sea su comprensión, debe ser "exacto" (por lo menos para la persona que piensa tenerlo). Por lo tanto, es interesante examinar la definición de estas dos palabras y luego regresar a la carta a los Hebreos. La palabra griega "Gnosis" se traduce con la palabra castellana "conocimiento", en el sentido general (en varios campos) o ciencia (Concordancia de Strong (G1108)). El prefijo griego "Epi" (delante de Gnosis) tiene el significado general de elevación y de dirección (Concordancia de Strong (G1909)). Por consiguiente, la palabra griega "epignosis" alude a un conocimiento "superior", que requiere un mayor grado de inteligencia, un "discernimiento". El significado "direccional" del prefijo "Epi" indica un conocimiento más especializado y más detallado (Concordancia de Strong (G1922)). El entendimiento es para el conocimiento en general (Gnosis), lo que corresponde al discernimiento que se necesita para entender un conocimiento más complejo (Epignosis).

 

Volviendo a la carta a los Hebreos: "Porque, en realidad, aunque deberían ser maestros en vista del tiempo, de nuevo necesitan que alguien les enseñe desde el principio las cosas elementales de las sagradas declaraciones formales de Dios; y han llegado a ser como quienes necesitan leche, no alimento sólido" (Hebreos 5:12). Las cosas elementales se citan: "Por esta razón, ya que hemos dejado la doctrina primaria acerca del Cristo, pasemos adelante a la madurez, y no pongamos de nuevo un fundamento, a saber, arrepentimiento de obras muertas, y fe para con Dios, la enseñanza acerca de bautismos y la imposición de las manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno. Y esto lo haremos, si Dios en realidad lo permite" (Hebreos 6: 1-3). Y el "alimento sólido (espiritual)" está presentado en casi toda la carta a los Hebreos (capítulos 1-13).

 

Aunque que sea muy interesante, la enseñanza bíblica muy profunda no es siempre fácil de entender en la primera lectura, hasta el punto en que el mismo apóstol Pedro escribió acerca de las cartas inspiradas de Pablo: "Además, consideren la paciencia de nuestro Señor como salvación, así como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le fue dada, les escribió, al hablar de estas cosas como también lo hace en todas [sus] cartas. En ellas, sin embargo, hay algunas cosas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también [hacen con] las demás Escrituras, para su propia destrucción" (2 Pedro 3:15,16). A pesar de todo, los cristianos que aspiran a alcanzar la madurez cristiana, especialmente los maestros de la Biblia, deben hacer un esfuerzo para entender la Biblia, orando por la ayuda de Dios (Mateo 11:25, 1 Corintios 2:16, Hebreos 5: 11-14-6:1-3).

 

El conocimiento de la creación de Dios

 

Jehová Dios invita a sus siervos a observar su creación para conocer mejor sus cualidades: "Hay cuatro cosas que son las más pequeñas de la tierra, pero son instintivamente sabias: las hormigas son un pueblo no fuerte, y, no obstante, en el verano preparan su alimento; los damanes son un pueblo no poderoso, y, no obstante, sobre un peñasco es donde ponen su casa; las langostas no tienen rey, y, no obstante, salen todas divididas en grupos; 28 el geco [trepador] se afianza con sus propias manos y está en el magnífico palacio de un rey" (Proverbios 30:24-28). "Vete donde la hormiga, oh perezoso; mira sus caminos y hazte sabio. Aunque no tiene comandante, oficial ni gobernante, prepara su alimento aun en el verano; ha recogido su abastecimiento de alimento aun en la siega" (Proverbios 6:6-8; comparar con Génesis 2:19,20).

 

Jesucristo animó a sus oyentes a "observar" la creación para comprender mejor las acciones de su Padre: "Por esto les digo: Dejen de inquietarse respecto a su alma en cuanto a qué comerán o qué beberán, o respecto a su cuerpo en cuanto a qué se pondrán. ¿No significa más el alma que el alimento, y el cuerpo que la ropa? 26 Observen atentamente las aves del cielo, porque ellas no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; no obstante, su Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes más que ellas?" (Mateo 6:25,26).

 

El apóstol Pablo, bajo inspiración, escribió que la creación refleja las cualidades de Dios y demuestra su existencia: "Porque las [cualidades] invisibles de él se ven claramente desde la creación del mundo en adelante, porque se perciben por las cosas hechas, hasta su poder sempiterno y Divinidad, de modo que ellos son inexcusables" (Romanos 1:20).

 

Por lo tanto, Jehová Dios y su Hijo Jesucristo nos animan a observar la creación para aprender más acerca de lo que representa el "temor de Jehová" (Proverbios 2:1-9). La ciencia (o las diferentes ciencias) que consiste en observar y estudiar en detalle ciertos aspectos de la creación de Dios, es inseparable de la espiritualidad. La ciencia se esfuerza por explicar el "¿cómo?" y la espiritualidad basada en la Biblia explica el "¿Por qué?". Dicho de paso, Jehová Dios, en su Palabra la Biblia, recomienda la modestia y la humildad a aquellos que piensan conocer mucho: "¡Miren! Estos son los bordes de sus caminos, ¡y qué susurro de un asunto se ha oído acerca de él! Pero de su poderoso trueno, ¿quién puede mostrar entendimiento?" (Job 26:14 en comparación con Job 38-41).

 

Para ampliar nuestro conocimiento de las cualidades de Dios, es esencial que "observemos" su creación: "Los cielos están declarando la gloria de Dios; y de la obra de sus manos la expansión está informando. Un día tras otro día hace salir burbujeando el habla, y una noche tras otra noche manifiesta conocimiento. No hay habla, y no hay palabras; no está oyéndose ninguna voz de parte de ellos" (Salmos 19:1-4).

 

La sabiduría que proviene de Dios

 

En Proverbios 2:7 hay la expresión de "sabiduría práctica" que corresponde a la puesta en práctica del "conocimiento". De hecho, Jesucristo relacionó la sabiduría con la puesta en práctica del conocimiento bíblico, en contraste con el hombre necio que, teniendo este conocimiento, no lo toma en cuenta: "Por lo tanto, a todo el que oye estos dichos míos y los hace se le asemejará a un varón discreto, que edificó su casa sobre la masa rocosa. Y descendió la lluvia y vinieron las inundaciones y soplaron los vientos y dieron con ímpetu contra aquella casa, pero no se hundió, porque había sido fundada sobre la masa rocosa. Además, a todo el que oye estos dichos míos y no los hace se le asemejará a un varón necio, que edificó su casa sobre la arena. Y descendió la lluvia y vinieron las inundaciones y soplaron los vientos y dieron contra aquella casa, y se hundió, y fue grande su desplome" (Mateo 7:24-27).

 

Sin embargo, dado el contexto general de la Biblia, la sabiduría tiene una dimensión celestial que no siempre proviene del conocimiento de la Biblia adquirido, sino más bien un don divino. Además, en Proverbios 2:6 está escrito: "Jehová mismo da la sabiduría". Si efectivamente la sabiduría de Jehová viene del depósito bíblico de conocimiento, al ponerlo en práctica, hay situaciones que requieren este destello celestial de sabiduría que proviene de Dios. Tomemos dos ejemplos: Jesucristo y el rey Salomón. En cierta circunstancia, el rey Salomón se encontró en una situación humana sin solución en apariencia, aquí está el relato bíblico:

 

"En aquel tiempo, dos mujeres, prostitutas, lograron entrar a donde el rey y estar de pie ante él. Entonces una mujer dijo: “Dispénsame, señor mío, yo y esta mujer estamos morando en una misma casa, de modo que di a luz cerca de ella en la casa. Y aconteció que, al tercer día después de dar yo a luz, esta mujer también procedió a dar a luz. Y estábamos juntas. No había ningún extraño con nosotras en la casa, nadie fuera de nosotras dos en la casa. Más tarde, el hijo de esta mujer murió de noche, porque ella se acostó sobre él. Por lo tanto, ella se levantó en medio de la noche y tomó a mi hijo de mi lado mientras tu esclava misma estaba dormida, y lo acostó en su propio seno, y a su hijo muerto lo acostó en mi seno. Cuando me levanté por la mañana para dar el pecho a mi hijo, pues, allí estaba muerto. De modo que lo examiné cuidadosamente por la mañana, y, ¡mira!, resultó que no era el hijo mío que yo había dado a luz”. Pero la otra mujer dijo: “¡No, sino que mi hijo es el vivo, y tu hijo es el muerto!”. Durante todo este tiempo esta mujer estaba diciendo: “No, sino que tu hijo es el muerto, y mi hijo es el vivo”. Y siguieron hablando delante del rey. Por fin el rey dijo: “Esta está diciendo: ‘¡Este es mi hijo, el vivo, y tu hijo es el muerto!’, y esa está diciendo: ‘¡No, sino que tu hijo es el muerto, y mi hijo es el vivo!’”. Y el rey pasó a decir: “Hombres, consíganme una espada”. De modo que trajeron la espada delante del rey. Y el rey procedió a decir: “Corten al niño vivo en dos, y den una mitad a una mujer y la otra mitad a la otra”. En seguida, la mujer cuyo hijo era el vivo dijo al rey (porque sus emociones internas estaban excitadas para con su hijo, de modo que dijo): “¡Dispénsame, señor mío! Denle a ella el niño vivo. No vayan de ninguna manera a hacerlo morir”. Entretanto, la otra mujer estaba diciendo: “Ni mío ni tuyo llegará a ser. ¡Córtenlo!”. Ante esto, el rey respondió y dijo: “Den a aquella el niño vivo, y no deben de ninguna manera hacerlo morir. Ella es su madre”. Y todo Israel llegó a oír de la decisión judicial que el rey había dictado; y se llenaron de temor a causa del rey, porque vieron que dentro de él estaba la sabiduría de Dios para ejecutar decisión judicial" (1 Reyes 3:16-28).

 

El relato junto con su conclusión, es la demostración de que la sabiduría de Dios no es solo la puesta en práctica del conocimiento bíblico, sino que tiene que ver con una dimensión celestial que hace que en una fracción de segundo, sin que sepamos cómo, Jehová Dios da la solución que ningún humano en la tierra hubiera pensado. Esta sabiduría no es el resultado de una larga carrera como juez con una largo historial de deliberaciones judiciales. Gracias a la sabiduría divina, el joven rey Salomón, en un instante, supo qué decisión tomar para deliberar entre aquellas dos mujeres. El resultado de esta decisión judicial, inspirada por una sabiduría completamente celestial, ha provocado un temor reverencial del rey Salomón. Y hablamos de ello miles de años después...

 

Jesucristo, en la tierra, tenía un poder muy fuerte de sabiduría directamente divino y no siempre directamente relacionado lo escrito en la Biblia, aquí hay un ejemplo: "Los escribas y los sacerdotes principales entonces procuraron echar las manos sobre él en aquella misma hora, pero temieron al pueblo; pues percibieron que él, al hablar esta ilustración, estaba pensando en ellos. Y, después de observarlo detenidamente, enviaron hombres a quienes habían contratado secretamente para que se fingieran justos, a fin de sorprenderlo en su habla, para así entregarlo al gobierno y a la autoridad del gobernador. Y le interrogaron, diciendo: “Maestro, sabemos que hablas y enseñas correctamente y no muestras parcialidad, sino que enseñas el camino de Dios de acuerdo con la verdad: ¿Nos es lícito pagar impuesto a César, o no?”. Pero él echó de ver su astucia, y les dijo: “Muéstrenme un denario. ¿De quién es la imagen e inscripción que tiene?”. Ellos dijeron: “De César”. Él les dijo: “Sin falta, entonces, paguen a César las cosas de César, pero a Dios las cosas de Dios”. Pues bien, no pudieron sorprenderlo en este dicho delante del pueblo, pero, asombrados de su respuesta, no dijeron nada" (Lucas 20:19-26).

 

La respuesta de Cristo vino directamente de la sabiduría celestial que tenía de su Padre, cuando estaba en la tierra. Hay muchos otros ejemplos que muestran que la sabiduría de Dios es un don que no se relaciona sistemáticamente con el conocimiento o el entendimiento de las Santas Escrituras. Además, en cierta circunstancia, Jesucristo dijo a sus discípulos: "Pero cuando vayan conduciéndolos para entregarlos, no se inquieten de antemano acerca de qué hablar; más bien, lo que se les dé en aquella hora, eso hablen, porque no son ustedes los que hablan, sino el espíritu santo" (Marcos 13:11).

 

Por lo tanto, si queremos adquirir la sabiduría, debemos pedirla a Jehová con de la oración por medio de Jesucristo y poner en práctica en nuestra vida, la Palabra de Dios, la Biblia: "Antes bien, su deleite está en la ley de Jehová, y día y noche lee en su ley en voz baja. Y ciertamente llegará a ser como un árbol plantado al lado de corrientes de agua, que da su propio fruto en su estación y cuyo follaje no se marchita, y todo lo que haga tendrá éxito" (Salmos 1:2,3).

 

La madurez cristiana y una conciencia bien entrenada,

que dan gloria a Dios

 

"Pero el alimento sólido pertenece a personas maduras, a los que mediante el uso tienen sus facultades perceptivas entrenadas para distinguir tanto lo correcto como lo incorrecto" (Hebreos 5:14). La expresión "facultades perceptivas entrenadas para distinguir tanto lo correcto como lo incorrecto" alude a la conciencia. En otra carta a los Romanos, el apóstol Pablo, hay una definición de la conciencia humana: "Porque siempre que los de las naciones que no tienen ley hacen por naturaleza las cosas de la ley, estos, aunque no tienen ley, son una ley para sí mismos. Son los mismísimos que demuestran que la sustancia de la ley está escrita en sus corazones, mientras su conciencia da testimonio con ellos y, entre sus propios pensamientos, están siendo acusados o hasta excusados" (Romanos 2:14,15).

 

Por supuesto, en el contexto de Hebreos 5:14, las "facultades perceptivas entrenadas para distinguir tanto lo correcto como lo incorrecto" o la conciencia, es el resultado de una experiencia de vida basada en la aplicación de los principios bíblicos. Quien haya alcanzado la madurez cristiana, sobre la base del conocimiento divino, el discernimiento, la perspicacia y la sabiduría de Dios, demostrará ante Dios y los hombres que tiene una conciencia bien educada y bien entrenada para diferenciar entre lo bueno y lo malo.

 

Al hacerlo, con la sabiduría divina, dará gloria a Dios: "Ustedes son la luz del mundo. No se puede esconder una ciudad cuando está situada sobre una montaña. No se enciende una lámpara y se pone debajo de la cesta de medir, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así mismo resplandezca la luz de ustedes delante de los hombres, para que ellos vean sus obras excelentes y den gloria al Padre de ustedes que está en los cielos" (Mateo 5:14-16 comparar con 1 Corintios 10:31).

 

La oración y la meditación que conducen a la madurez cristiana

 

La búsqueda de la madurez cristiana se enfoca exclusivamente en la mejora constante de nuestra relación personal y exclusiva con Jehová Dios, a través de Su Hijo Jesucristo, porque Él es la fuente de nuestra vida: "Porque contigo está la fuente de la vida; por luz de ti podemos ver luz" (Salmos 36: 9). Un cristiano que ha alcanzado la madurez cristiana siente un amor profundo y sincero, marcado por temor reverencial de Dios: "en tal caso entenderás el temor de Jehová, y hallarás el mismísimo conocimiento de Dios" (Proverbios 2:5). Como una bendición de Dios, con tiempo y paciencia, dará inteligencia, discernimiento y sabiduría: "Porque Jehová mismo da la sabiduría; procedentes de su boca hay conocimiento y discernimiento. Y para los rectos atesorará sabiduría práctica; para los que andan en integridad él es un escudo" (Proverbios 2:6,7).

 

La oración y la meditación permiten esta apropiación individual de estas cualidades divinas a través de nuestra relación con Dios y la reflexión personal de lo que la Biblia nos enseña, pero también nuestra experiencia de vida. La oración es una cita con Dios, mientras que la meditación es una cita con uno mismo.

 

La forma en que oramos a Dios dice mucho acerca de nuestra percepción de Él. Por ejemplo, Jesucristo, en su enseñanza sobre la oración (que se encuentra en Mateo 6: 5-14), dijo: "Mas al orar, no digas las mismas cosas repetidas veces, así como la gente de las naciones, porque ellos se imaginan que por su uso de muchas palabras se harán oír" (Mateo 6: 7).

 

De hecho, en muchas religiones, cristianas o no, las personas piadosas oran a Dios repitiendo continuamente "siempre las mismas cosas". Jesucristo explicó que la calidad de una oración no depende de cuánto le digamos a Dios. Tales oraciones demuestran que nuestra relación con a Dios y nuestro temor reverencial tienen que mejorarse. Tomemos un ejemplo concreto. Si tuviéramos el gran privilegio de tener una cita especial con un Rey, un Príncipe, un Primer Ministro o un alto funcionario de la nación donde vivimos, tendremos mucho cuidado en prepararla. En el momento de tener que hablar frente a un rey o un príncipe ¿tendríamos a la idea de "decir las mismas cosas", repitiendo sin pensar las mismas palabras, las mismas oraciones, hablando sin parar? La respuesta es obvia, evitaríamos una actitud, de nuestra parte, que carecería de respeto frente a una persona de alto rango.

 

Es por eso que las oraciones que dirigimos a Dios, dicen mucho de nuestra percepción de Él, pero también de nuestros sentimientos por Él. La madurez cristiana que nos enseña el "temor de Dios" nos permite entender mejor la importancia de su majestad y la profundidad de su sabiduría. Por lo tanto, debemos acercarnos a Dios como lo haríamos con una persona con las funciones las más altas y cuya sabiduría no tendría nada que ver con la nuestra, que es mucho más restringida. Por ello, las oraciones de Jesucristo a su Padre, pueden servirnos de ejemplo (Mateo 6: 5-14, Juan 17). Si leemos el libro de los Salmos, tendremos muchos ejemplos de oraciones sinceras dirigidas a Dios. Podemos inspirarnos en ella: "Que mi oración esté preparada como incienso delante de ti; el levantar las palmas de mis manos, como la ofrenda de grano al atardecer" (Salmos 141: 2).

 

La meditación es una cita con uno mismo. En la Biblia, está escrito que Isaac solía meditar: "E Isaac estaba afuera paseando a fin de meditar en el campo como al caer la tarde" (Génesis 24:63). Esta simple información sobre la meditación es importante. Isaac meditaba "en el campo", es decir, probablemente, se alejaba del campamento donde vivía para buscar el silencio y la tranquilidad con una cita consigo mismo. Esta información parece indicar también, un hábito diario, "al caer la tarde". Isaac, después de las actividades de su día, estaba descansando mientras caminaba en el campo. La oración y la meditación pueden hacerse en momentos de descanso. A veces, Jesucristo oraba a Dios aislándose: "Por fin, habiendo despedido a las muchedumbres, subió solo a la montaña a orar. Aunque se hizo tarde, estaba allí solo" (Mateo 14:23).

 

La meditación permite una mejor asimilación del "conocimiento" bíblico. Permite el desarrollo de la inteligencia. Y luego alcanzar la capacidad de discernimiento, junto con un conocimiento asociado con la experiencia de la vida. Esta meditación acompañada por muchas oraciones, puede ayudar a obtener la sabiduría dada por Dios (Santiago 1:5). Jesucristo comparó el interior espiritual de una persona a una "casa ordenada" (Mateo 12:44). Así, la meditación constructiva nos permite poner orden en nosotros mismos, ordenar nuestros propios sentimientos, con la ayuda de Dios. Junto con la oración, la meditación es crucial para alcanzar la madurez: "Finalmente, hermanos, cuantas cosas sean verdaderas, cuantas sean de seria consideración, cuantas sean justas, cuantas sean castas, cuantas sean amables, cuantas sean de buena reputación, cualquier virtud que haya y cualquier cosa que haya digna de alabanza, continúen considerando estas cosas" (Filipenses 4: 8).

 

EL MEMORIAL

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