English                                 Français                                 Português

BIBLIA EN LÍNEA

BIBLIA EN LÍNEA (Traducciones comparativas)

BIBLIA EN LÍNEA (En varios idiomas)

Las frases en azul (entre los párrafos), dan explicaciones bíblicas suplementarias. Simplemente haga clic en el enlace en azul. Los artículos bíblicos están escritos principalmente en cuatro idiomas: español, portugués, francés e inglés

"y nada sino gozoso tendrás que llegar a estar" (Deuteronomio 16:15)

LA LIBERACIÓN DE LA HUMANIDAD, RESCATADA MEDIANTE EL SACRIFICIO DE JESUCRISTO (MATEO 20:28)

(El sacrificio de Cristo tiene un valor expiatorio que permite el perdón de Dios, y un valor de rescate que permite un intercambio de cuerpo a través de la resurrección, la curación o la regeneración y el rejuvenecimiento)

“Y Jehová mismo volvió atrás la condición de cautiverio de Job cuando este oró a favor de sus compañeros, y Jehová empezó a dar, además, todo lo que había sido de Job, en cantidad doble” (Job 42:10). Será lo mismo para todos los serán parte de la Gran Muchedumbre que sobrevivan la gran tribulación. Jehová Dios, por medio de Jesús Cristo Rey, se recordará cariñosamente de ellos, colmándolos de bendiciones, como lo recordó el discípulo de Santiagos: “¡Miren! Pronunciamos felices a los que han aguantado. Ustedes han oído del aguante de Job y han visto el resultado que Jehová dio, que Jehová es muy tierno en cariño, y misericordioso” (Santiago 5:11).

 LA LIBERACIÓN DE LA HUMANIDAD : LAS CURACIONES MILAGROSAS

 “Y ningún residente dirá: “Estoy enfermo”. La gente que more en [la tierra] constará de los que habrán sido perdonados por su error” (Isaías 33:24).

“En aquel tiempo los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos mismos de los sordos serán destapados. 6 En aquel tiempo el cojo trepará justamente como lo hace el ciervo, y la lengua del mudo clamará con alegría. Pues en el desierto habrán brotado aguas, y torrentes en la llanura desértica” (Isaías 35:5,6).

LA LIBERACIÓN DE LA HUMANIDAD : EL REJUVENECIMIENTO

“Que su carne se haga más fresca que en la juventud; que vuelva a los días de su vigor juvenil” (Job 33:25).

LA LIBERACIÓN DE LA HUMANIDAD : LA RESURRECCIÓN TERRESTRE

“Y habrá muchos de los que están dormidos en el suelo de polvo que despertarán, estos a vida de duración indefinida y aquellos a oprobios [y] a aborrecimiento de duración indefinida” (Daniel 12:2).

"Tengo esperanza en cuanto a Dios, esperanza que estos mismos también abrigan, de que va a haber resurrección así de justos como de injustos” (Hechos 24:15) (La administración de las resurrecciones terrestres; resurrección celestialresurrección terrestre).

LA LIBERACIÓN DE LA HUMANIDAD MEDIANTE LA ADMINISTRACIÓN TERRESTRE DEL REINO DE DIOS

“Y vi un nuevo cielo y una nueva tierra; porque el cielo anterior y la tierra anterior habían pasado, y el mar ya no existe. 2 Vi también la santa ciudad, la Nueva Jerusalén, que descendía del cielo desde Dios y preparada como una novia adornada para su esposo. 3 Con eso, oí una voz fuerte desde el trono decir: “¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad, y él residirá con ellos, y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos. 4 Y limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado” (Revelación 21:1-4) (La administración terrestre del Reino de Dios) (El Príncipe) (Los Sacerdotes) (Los Levitas).

 Los milagros de Jesucristo en la tierra 

Jesucristo sana a la suegra del apóstol Pedro: "Y Jesús, al entrar en la casa de Pedro, vio a la suegra de este acostada y enferma con fiebre. Por consiguiente, le tocó la mano, y la fiebre la dejó, y ella se levantó y se puso a ministrarle" (Mateo 8:14,15).

Jesucristo sana a un ciego: "Ahora bien, al acercarse él a Jericó, cierto ciego estaba sentado al lado del camino, mendigando. Puesto que este oyó a la muchedumbre que iba pasando, se puso a inquirir lo que significaba esto. Le informaron: “¡Jesús el Nazareno va pasando!”. Con eso, clamó, y dijo: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”. Y los que iban delante empezaron a decirle rigurosamente que se callara, pero mucho más gritaba él: “Hijo de David, ten misericordia de mí”. Entonces Jesús se detuvo y mandó que condujeran el [hombre] hasta él. Después que él se hubo acercado, [Jesús] le preguntó: “¿Qué quieres que te haga?”. Él dijo: “Señor, que recobre la vista”. De modo que Jesús le dijo: “Recobra tu vista; tu fe te ha devuelto la salud”. Y al instante recobró la vista, y se puso a seguirle, glorificando a Dios. También, todo el pueblo, al ver [esto], dio alabanza a Dios" (Lucas 18:35-43).

Jesucristo sana a un leproso: "También vino a él un leproso, y le suplicó hasta de rodillas, diciéndole: “Si tan solo quieres, puedes limpiarme”. Con esto, él se enterneció, y extendió la mano y lo tocó, y le dijo: “Quiero. Sé limpio”. E inmediatamente la lepra desapareció de él, y quedó limpio" (Marcos 1:40-42).

Jesucristo sana a un paralítico: "Después de estas cosas hubo una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Pues bien, en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, hay un estanque designado en hebreo Betzata, que tiene cinco columnatas. En estas yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y los que tenían miembros secos. Pero estaba allí cierto hombre que llevaba treinta y ocho años en su enfermedad. Al ver a este hombre acostado, y dándose cuenta de que ya por mucho tiempo había estado [enfermo], Jesús le dijo: “¿Quieres ponerte bien de salud?”. El enfermo le contestó: “Señor, no tengo un hombre que me meta en el estanque cuando se revuelve el agua; y entretanto que yo voy, otro baja antes que yo”. Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y anda”. Con eso, el hombre inmediatamente se puso bien de salud, y tomó su camilla y echó a andar" (Juan 5:1-9).

Jesucristo calma una tormenta: "Y cuando hubo subido en una barca, le siguieron sus discípulos. Ahora bien, ¡mire!, se levantó una gran agitación en el mar, de modo que las olas cubrían la barca; él, sin embargo, dormía. Y ellos vinieron y lo despertaron, diciendo: “¡Señor, sálvanos, estamos a punto de perecer!”. Pero él les dijo: “¿Por qué se acobardan, hombres de poca fe?”. Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y el mar, y sobrevino una gran calma. Por consiguiente, los hombres se asombraron, y dijeron: “¿Qué clase de persona es esta, que hasta los vientos y el mar le obedecen?" (Mateo 8:23-27). Este milagro muestra que en el paraíso terrestre no habrá más tormentas o inundaciones que causen desastres.

Jesucristo resucita al hijo de una viuda: "Poco después de esto viajó a una ciudad llamada Naín, y sus discípulos y una gran muchedumbre viajaban con él. Al acercarse él a la puerta de la ciudad, pues ¡mira!, sacaban a un muerto, el hijo unigénito de su madre. Además, ella era viuda. También estaba con ella una muchedumbre bastante numerosa de la ciudad. Y cuando el Señor alcanzó a verla, se enterneció por ella, y le dijo: “Deja de llorar”. En seguida se acercó y tocó el féretro, y los que lo llevaban se detuvieron, y él dijo: “Joven, yo te digo: ¡Levántate!”. Y el muerto se incorporó y comenzó a hablar, y él lo dio a su madre. Entonces el temor se apoderó de todos, y se pusieron a glorificar a Dios, diciendo: “Un gran profeta ha sido levantado entre nosotros”, y: “Dios ha dirigido su atención a su pueblo”. Y estas noticias respecto a él se extendieron por toda Judea y por toda la comarca" (Lucas 7:11-17).

Jesucristo resucita a la hija de Jairo: "Mientras él todavía estaba hablando, vino cierto representante del presidente de la sinagoga, y dijo: “Ha muerto tu hija; no molestes ya al maestro”. Al oír esto, Jesús le contestó: “No temas, solo muestra fe, y ella será salva”. Cuando llegó a la casa, no dejó que nadie entrara con él sino Pedro y Juan y Santiago y el padre y la madre de la muchacha. Pero toda la gente estaba llorando y golpeándose en desconsuelo por ella. De modo que él dijo: “Dejen de llorar, porque no murió, sino que duerme”. Ante esto, empezaron a reírse de él desdeñosamente, porque sabían que ella había muerto. Mas él la tomó de la mano y llamó, diciendo: “Muchacha, ¡levántate!”. Y el espíritu de ella volvió, y ella se levantó al instante, y él ordenó que se le diera algo de comer. 5Pues bien, sus padres quedaron fuera de sí; pero él les dio instrucciones de que no dijeran a nadie lo que había acontecido" (Lucas 8:49-56).

Jesucristo resucita a su amigo Lázaro, que ha estado muerto durante tres días: "Jesús, de hecho, aún no había entrado en la aldea, sino que todavía estaba en el lugar donde Marta se había encontrado con él. Por lo tanto, los judíos que estaban con ella en la casa, y que la confortaban, al ver que María se levantó pronto y salió, la siguieron, pensando que iba a la tumba conmemorativa para llorar allí. Así que María, cuando llegó a donde Jesús estaba y alcanzó a verlo, cayó a sus pies, y le dijo: “Señor, si tú hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”. Jesús, pues, cuando la vio llorando, y a los judíos que vinieron con ella llorando, gimió en el espíritu y se perturbó; y dijo: “¿Dónde lo han puesto?”. Ellos le dijeron: “Señor, ven y ve”. Jesús cedió a las lágrimas. Por eso los judíos empezaron a decir: “Mira, ¡cuánto cariño le tenía!”. Pero algunos de ellos dijeron: “¿No pudiera este [hombre], que abrió los ojos al ciego, haber impedido que este muriera?”. Así que Jesús, después de gemir otra vez en sí mismo, vino a la tumba conmemorativa. Era, de hecho, una cueva, y había una piedra recostada contra ella. Jesús dijo: “Quiten la piedra”. Marta, la hermana del fallecido, le dijo: “Señor, ya debe oler mal, porque hace cuatro días”. Jesús le dijo: “¿No te dije que si creías habrías de ver la gloria de Dios?”. Por lo tanto, quitaron la piedra. Entonces Jesús alzó los ojos hacia el cielo y dijo: “Padre, te doy gracias porque me has oído. Cierto, yo sabía que siempre me oyes; pero a causa de la muchedumbre que está de pie en derredor hablé, a fin de que crean que tú me has enviado”. Y cuando hubo dicho estas cosas, clamó con fuerte voz: “¡Lázaro, sal!”. El [hombre] que había estado muerto salió con los pies y las manos atados con envolturas, y su semblante estaba envuelto en un paño. Jesús les dijo: “Desátenlo y déjenlo ir”" (Juan 11:30-44).

Jesucristo hizo muchos otros milagros. Nos permiten fortalecer nuestra fe, animarnos y obtener una idea de las muchas bendiciones que habrá en el paraíso. Las palabras escritas del apóstol Juan resumen muy bien el número prodigioso de milagros que Jesucristo hizo, como garantía de lo que sucederá en el paraíso: "Hay, de hecho, muchas otras cosas también que Jesús hizo, que, si se escribieran alguna vez en todo detalle, supongo que el mundo mismo no podría contener los rollos que se escribieran" (Juan 21:25).