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COMO CELEBRAR EL MEMORIAL DE LA MUERTE DEL CRISTO: PRESENTACIÓN CON DIAPOSITIVAS

LA SANGRE ES SAGRADA

“Solo carne con su alma —su sangre— no deben comer”

(Génesis 9:4)

Jehová Dios prohíbe el consumo de sangre, ya sea como alimentos o con fines terapéuticos o médicos. Desde la época después del diluvio, la prohibición con respeto a la sangre, se repitió en la ley mosaica: “En cuanto a cualquier hombre de la casa de Israel o algún residente forastero que esté residiendo como forastero en medio de ustedes que coma cualquier clase de sangre, ciertamente fijaré mi rostro contra el alma que esté comiendo la sangre, y verdaderamente la cortaré de entre su pueblo” (Levítico 17:10).

La Sangre y su valor sagrado de Expiación

Después de repetir esta prohibición, Jehová explicó la razón de esta ley sobre la Sangre: “Porque el alma de la carne está en la sangre, y yo mismo la he puesto sobre el altar para ustedes para hacer expiación por sus almas, porque la sangre es lo que hace expiación en virtud del alma [en ella]. 12 Por eso he dicho a los hijos de Israel: “Ninguna alma de ustedes debe comer sangre, y ningún residente forastero que esté residiendo como forastero en medio de ustedes debe comer sangre” (Levítico 17:11,12).

La sangre tiene un valor propiciatorio y solo podía utilizarse para los sacrificios (de animales limpios) que simbolizaban el restituir de la vida a Dios, en este caso, al pie del altar. Esta restitución de la vida era simbolizada por el derramamiento de sangre del animal que se comería: “Y allí tendrán que comer delante de Jehová su Dios y regocijarse en toda empresa de ustedes, ustedes y sus casas, porque Jehová tu Dios te ha bendecido” (Deuteronomio 12:7).

El cristiano respeta el valor sagrado propiciatorio de la Sangre

El valor sagrado de la sangre (especialmente de la sangre humana), se entiende mejor a la luz del valor expiatorio de la sangre de Cristo. Y por supuesto, esta prohibición del consumo de sangre se repitió en los comienzos del cristianismo en la época de los apóstoles de Cristo: “Por lo tanto, es mi decisión el no perturbar a los de las naciones que están volviéndose a Dios, 20 sino escribirles que se abstengan de las cosas contaminadas por los ídolos, y de la fornicación, y de lo estrangulado, y de la sangre. (…) Porque al espíritu santo y a nosotros mismos nos ha parecido bien no añadirles ninguna otra carga, salvo estas cosas necesarias: 29 que sigan absteniéndose de cosas sacrificadas a ídolos, y de sangre, y de cosas estranguladas, y de fornicación. Si se guardan cuidadosamente de estas cosas, prosperarán. ¡Buena salud a ustedes!” (Hechos 15:19,20,28,29).

Así, esta ley cristiana sobre la sangre, prohíbe que un ser humano derrame la sangre de otro ser humano. Sangre humana pertenece a Dios y no a la patria (o una nación). Dios prohíbe que se derrame la sangre humana en el nombre de la patria o de una nació y tampoco en el nombre de Dios: “Entonces Jesús le dijo: “Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que toman la espada perecerán por la espada” (Mateo 26:52). “Dijeron: “De César”. En seguida les dijo: “Por lo tanto, paguen a César las cosas de César, pero a Dios las cosas de Dios” (Mateo 22:21).

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