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La promesa de Dios

"Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia de ella. Él te magullará en la cabeza y tú le magullarás en el talón"
(Génesis 3:15)

1 - Dios hace un Pacto con Abrahán

2 - El Pacto de la Circuncisión

3 - El Pacto de la Ley entre Dios y el pueblo de Israel

4 - El Nuevo Pacto entre Dios y el Israel de Dios

5 - El Pacto para un Reino celebrado entre Jesucristo y los 144,000

Introducción

¿Cuál es el mensaje del enigma profético? Jehová Dios informa que su propósito para poblar la tierra con una humanidad justa se cumplirá (Génesis 1:26-28). Dios redimirá a la descendencia de Adán a través de la "descendencia de la mujer" (Génesis 3:15). Esta profecía ha sido un "secreto sagrado" durante siglos (Marcos 4:11, Romanos 11:25, 16:25, 1 Corintios 2:1,7 "secreto sagrado"). Jehová Dios lo ha revelado gradualmente, a lo largo de los siglos. Aquí está el significado de este enigma profético:

- La mujer: representa al pueblo celestial de Dios, compuesto por ángeles en el cielo: "Y se vio en el cielo una gran señal, una mujer vestida del sol, y la luna estaba debajo de sus pies, y sobre su cabeza había una corona de doce estrellas" (Apocalipsis (Revelación) 12:1). La “mujer” se describe como la "Jerusalén de arriba": "Pero la Jerusalén de arriba es libre, y ella es nuestra madre" (Gálatas 4:26). Representa también la "Jerusalén celestial": "Mas ustedes se han acercado a un monte Sión y a una ciudad del Dios vivo, a Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles" (Hebreos 12:22). Durante milenios, como Sara, la esposa de Abraham, la “mujer” celestial ha sido estéril, sin hijos (mencionado en Génesis 3:15): "¡Clama gozosamente, mujer estéril que no diste a luz! Alégrate con clamor gozoso y grita agudamente, tú que no tuviste dolores de parto, porque los hijos de la desolada son más numerosos que los hijos de la mujer que tiene dueño marital —ha dicho Jehová—" (Isaías 54: 1). La profecía anuncia que “mujer estéril” daría a luz a muchos niños.

- La semilla de la mujer: El libro del Apocalipsis revela quién es este hijo: "Y se vio en el cielo una gran señal, una mujer vestida del sol, y la luna estaba debajo de sus pies, y sobre su cabeza había una corona de doce estrellas, y ella estaba encinta. Y clama en sus dolores y en su agonía por dar a luz. (...) Y ella dio a luz un hijo, un varón, que ha de pastorear a todas las naciones con vara de hierro. Y su hijo fue arrebatado hacia Dios y hacia su trono" (Apocalipsis 12:1,2,5). El ángel Gabriel indicó quien sería este hijo que "pastorearía a todas las naciones con una vara de hierro" como Jesucristo: "Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y Jehová Dios le dará el trono de David su padre, y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y de su reino no habrá fin" (Lucas 1:32,33). Sin embargo, el “niño” recién nacido puede referirse,  al mismo tiempo, al Reino de Dios, cuyo Rey designado por Jehová, es su Hijo Jesucristo (Salmos 2).

- La serpiente original es Satanás el diablo: "De modo que hacia abajo fue arrojado el gran dragón, la serpiente original, el que es llamado Diablo y Satanás, que está extraviando a toda la tierra habitada" (Apocalipsis 12:9).

- La descendencia de la serpiente representa a los enemigos celestiales (demonios o ángeles del diablo) y terrestres que combaten contra el Reino de Dios. La descendencia del diablo lucha activamente contra la soberanía de Dios: "Serpientes, prole de víboras, ¿cómo habrán de huir del juicio del Gehena? Por eso, miren, les envío profetas y sabios e instructores públicos. A algunos de ellos ustedes los matarán y fijarán en maderos, y a algunos los azotarán en sus sinagogas y los perseguirán de ciudad en ciudad; para que venga sobre ustedes toda la sangre justa vertida sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien ustedes asesinaron entre el santuario y el altar" (Mateo 23: 33-35).

- La herida de la mujer en el talón representa la muerte sacrificial de Jesucristo, en la tierra: "Más que eso, al hallarse a manera de hombre, se humilló y se hizo obediente hasta la muerte, sí, muerte en un madero de tormento" (Filipenses 2:8). Sin embargo, la herida en el talón ha sido definitivamente curada con la resurrección de Jesucristo: "mientras que mataron al Agente Principal de la vida. Pero Dios lo ha levantado de entre los muertos, del cual hecho nosotros somos testigos" (Hechos 3:15).

- El aplastamiento de la cabeza de la serpiente significa la destrucción eterna de Satanás, el diablo y los demonios y de los enemigos terrestres del Reino de Dios, al final de los mil años del reinado de Jesucristo: "Por su parte, el Dios que da paz aplastará a Satanás bajo los pies de ustedes en breve" (Romanos 16:20). "Y el Diablo que los estaba extraviando fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde ya estaban tanto la bestia salvaje como el falso profeta; y serán atormentados día y noche para siempre jamás" (Apocalipsis 20:10).

1 - Dios hace un Pacto con Abrahán

"Y mediante tu descendencia ciertamente se bendecirán todas las naciones de la tierra debido a que has escuchado mi voz"
(Génesis 22:18)

El pacto de Abrahán es una promesa de Dios de que toda la humanidad obediente será bendecida a través de su descendencia. Abrahán tuvo un hijo, Isaac, con su esposa Sara (por mucho tiempo estéril) (Génesis 17:19). Abrahán, Sara e Isaac son los personajes principales de un drama profético que representaba el medio por el cual Dios salvaría a la humanidad obediente.
El Gran Abrahán representa a Jehová Dios: "Porque tú eres nuestro Padre; aunque Abrahán mismo no nos haya conocido e Israel mismo no nos reconozca, tú, oh Jehová, eres nuestro Padre. Nuestro Recomprador de mucho tiempo atrás es tu nombre" (Isaías 63:16, Lucas 16:22).
Sara representa a la mujer celestial, estéril por mucho tiempo y sin hijos (Con referencia a Génesis 3:15): "Porque está escrito: “Alégrate, mujer estéril que no das a luz; prorrumpe y clama en voz alta, mujer que no tienes dolores de parto; porque los hijos de la desolada son más numerosos que [los] de la que tiene el esposo”. Ahora bien, nosotros, hermanos, somos hijos pertenecientes a la promesa, así como Isaac lo fue. Pero tal como en aquel entonces el que nació a la manera de la carne se puso a perseguir al que nació a la manera del espíritu, así también ahora. Sin embargo, ¿qué dice la Escritura? “Expulsa a la sirvienta y a su hijo, porque de ningún modo será heredero el hijo de la sirvienta con el hijo de la mujer libre.” Por lo tanto, hermanos, no somos hijos de una sirvienta, sino de la mujer libre" (Gálatas 4:27-31).
Isaac, la simiente principal de Abrahán, representa a Jesucristo: " Ahora bien, las promesas se hablaron a Abrahán y a su descendencia. No dice: “Y a descendencias”, como si se tratara de muchos, sino como tratándose de uno solo: “Y a tu descendencia”, que es Cristo" (Gálatas 3:16).
Jehová Dios le pidió a Abrahán que sacrificara a su hijo Isaac. Abrahán no rehusó hacerlo (pensando que lo resucitaría después). Dios impidió tal sacrificio sustituyendo a Isaac con un carnero: "Ahora bien, después de estas cosas aconteció que el Dios [verdadero] puso a prueba a Abrahán. Por consiguiente, le dijo: “¡Abrahán!”, a lo cual dijo él: “¡Aquí estoy!”. Y él pasó a decir: “Toma, por favor, a tu hijo, a tu hijo único a quien amas tanto, a Isaac, y haz un viaje a la tierra de Moria, y allí ofrécelo como ofrenda quemada sobre una de las montañas que yo te designaré”. (...) Finalmente llegaron al lugar que le había designado el Dios [verdadero], y allí Abrahán edificó un altar y puso en orden la leña y ató de manos y pies a Isaac su hijo y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán extendió la mano y tomó el cuchillo de degüello para matar a su hijo. Pero el ángel de Jehová se puso a llamarlo desde los cielos y a decir: “¡Abrahán, Abrahán!”, a lo cual él contestó: “¡Aquí estoy!”. Y pasó a decir: “No extiendas tu mano contra el muchacho y no le hagas nada, porque ahora sé de veras que eres temeroso de Dios, puesto que no has retenido de mí a tu hijo, tu único”. En esto Abrahán alzó los ojos y miró, y allí, a poca distancia enfrente de él, había un carnero prendido por los cuernos en un matorral. De modo que Abrahán fue y tomó el carnero y lo ofreció como ofrenda quemada en lugar de su hijo" (Génesis 22:1-14). Esta representación profética era el anuncio profético de un sacrificio extremadamente doloroso para Jehová Dios y su Hijo Jesucristo. El Gran Abrahán, que sacrificaría a su amado Hijo Jesucristo, el Gran Isaac para la salvación de la humanidad: " Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna (...) El que ejerce fe en el Hijo tiene vida eterna; el que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él" (Juan 3:16,36) El cumplimiento final de la promesa hecha a Abrahán se cumplirá con la bendición eterna de la humanidad obediente al final del reinado de mil años de Cristo: "Con eso, oí una voz fuerte desde el trono decir: “¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad, y él residirá con ellos, y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos. Y limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado” (Apocalipsis 21:3,4).

2 - El Pacto de la Circuncisión

"También le dio un pacto de circuncisión; y así él llegó a ser el padre de Isaac y lo circuncidó el día octavo; e Isaac, de Jacob; y Jacob, de los doce cabezas de familia"

(Hechos 7: 8)

El pacto de circuncisión debía ser el sello distintivo del pueblo de Dios. Tiene un significado espiritual, revelado en el discurso de despedida de Moisés en el libro de Deuteronomio: "Y ustedes tienen que circuncidar el prepucio de sus corazones y no endurecer más su cerviz" (Deuteronomio 10:16). La circuncisión en la carne significaría lo que correspondería a la circuncisión espiritual del corazón, siendo al mismo tiempo la fuente de vida, la obediencia a Dios: "Más que todo lo demás que ha de guardarse, salvaguarda tu corazón, porque procedentes de él son las fuentes de la vida" (Proverbios 4:23).
El discípulo Esteban, en su último discurso, antes de su ejecución por lapidación, había entendido este punto de enseñanza fundamental. Dejó en claro a sus oyentes que no tenían fe en Jesucristo, aunque circuncidados en la carne, eran incircuncisos espirituales del corazón: “Hombres obstinados e incircuncisos de corazón y de oídos, siempre están ustedes resistiendo el espíritu santo; como hicieron sus antepasados, así hacen ustedes. ¿A cuál de los profetas no persiguieron sus antepasados? Sí, mataron a los que de antemano hicieron anuncio respecto a la venida del Justo, cuyos traidores y asesinos ustedes ahora han llegado a ser, ustedes que recibieron la Ley según fue transmitida por ángeles, pero no la han guardado” (Hechos 7:51-53). Tal valiente reproche le costó la vida, lo cual fue una confirmación de que estos asesinos eran incircuncisos espirituales del corazón.
El corazón constituye el interior espiritual de una persona, hecho de razonamientos acompañados de palabras y acciones (buenas o malas). Sin usar las palabras “circuncisión del corazón”, Jesucristo explicó bien lo que hace que una persona sea pura o impura, debido al estado de su corazón: "Sin embargo, las cosas que proceden de la boca salen del corazón, y esas cosas contaminan al hombre. Por ejemplo, del corazón salen razonamientos inicuos, asesinatos, adulterios, fornicaciones, hurtos, testimonios falsos, blasfemias. Estas son las cosas que contaminan al hombre" (Mateo 15:18-20). En este caso, Jesucristo describe lo que representa un ser humano en una condición de incircuncisión espiritual del corazón, con su "prepucio espiritual", con razonamientos impuros ante Dios y no apto para la vida (vea Proverbios 4:23). "El hombre bueno, de su buen tesoro envía cosas buenas; mientras que el hombre inicuo, de su tesoro inicuo envía cosas inicuas" (Mateo 12:35). En la primera parte de la declaración de Jesucristo, él describe a un ser humano que tiene un corazón espiritualmente circuncidado.
El apóstol Pablo también entendió este punto de enseñanza de Moisés y luego de Jesucristo. La circuncisión significaba, espiritualmente, la obediencia a Dios y luego a su Hijo Jesucristo: "La circuncisión, en realidad, es de provecho solo si practicas ley; pero si eres transgresor de ley, tu circuncisión ha llegado a ser incircuncisión. Por eso, si el incircunciso guarda los justos requisitos de la Ley, su incircuncisión será contada por circuncisión, ¿no es verdad? Y el incircunciso, que lo es por naturaleza, al llevar a cabo la Ley, te juzgará a ti, que, teniendo su código escrito y la circuncisión, eres transgresor de ley. Porque no es judío el que lo es por fuera, ni es la circuncisión la que está afuera en la carne. Más bien, es judío el que lo es por dentro, y su circuncisión es la del corazón por espíritu, y no por un código escrito. La alabanza de ese viene, no de los hombres, sino de Dios" (Romanos 2: 25-29).
El cristiano fiel ya no está bajo la obligación de cumplir la Ley transmitida a Moisés, y por lo tanto ya no está obligado a practicar la circuncisión física, de acuerdo con el decreto apostólico que se puede leer en Hechos 15:19,20,28,29. Esto está confirmado por lo que fue escrito bajo la inspiración por el apóstol Pablo: "Porque Cristo es el fin de la Ley, para que todo el que ejerza fe tenga justicia" (Romanos 10: 4). De aquí en adelante, el cristiano debe tener la circuncisión del corazón, es decir, obedecer a Jehová Dios y tener fe en el sacrificio de Cristo (Juan 3: 16,36).
Así como él que quería participar en la Pascua debía ser circuncidado, el cristiano (cualquiera que sea su esperanza (celestial o terrestre)), debe tener la circuncisión espiritual del corazón, antes de consumir el pan sin levadura y beber la copa de la conmemoración de la muerte de Jesucristo: "Primero apruébese el hombre a sí mismo después de escrutinio, y así coma del pan y beba de la copa" (1 Corintios 11: Compare con Éxodo 12:48 (Pascua)).

3 - El Pacto de la Ley entre Dios y el pueblo de Israel

"Cuídense para que no olviden el pacto de Jehová su Dios que él celebró con ustedes"

(Deuteronomio 4:23)

El mediador de este pacto era Moisés: "Y fue a mí a quien Jehová mandó en aquel tiempo en particular que les enseñara disposiciones reglamentarias y decisiones judiciales, para que las pusieran por obra en la tierra a la cual van a pasar para tomar posesión de ella" (Deuteronomio 4:14). Este pacto era estrechamente relacionado con el pacto de la circuncisión, que es el símbolo de la obediencia a Dios (Deuteronomio 10:16). Fue vigente hasta el Mesías el conductor: "Y él tiene que mantener [el] pacto en vigor para los muchos por una semana; y a la mitad de la semana hará que cesen el sacrificio y la ofrenda de dádiva" (Daniel 9:27). Este pacto sería reemplazado por un nuevo pacto, según la profecía de Jeremías: "¡Mira! Vienen días —es la expresión de Jehová—, y ciertamente celebraré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto; no uno como el pacto que celebré con sus antepasados en el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, ‘el cual pacto mío ellos mismos quebrantaron, aunque yo mismo los poseía como dueño marital’, es la expresión de Jehová" (Jeremías 31:31,32).
El propósito de la Ley dada a Israel era preparar al pueblo a la venida del Mesías. La Ley enseñó la necesidad de una liberación de la condición pecaminosa de la humanidad (representada por Israel): "Porque hasta la Ley había pecado en el mundo, pero a nadie se imputa pecado cuando no hay ley" (Romanos 5:13) La Ley de Dios dio a luz al pecado: Entonces, ¿qué diremos? ¿Es pecado la Ley? ¡Jamás llegue a ser eso así! Realmente, yo no habría llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por la Ley; y, por ejemplo, no habría conocido la codicia si la Ley no hubiera dicho: “No debes codiciar”. Pero el pecado, recibiendo un incentivo por medio del mandamiento, obró en mí toda clase de codicia, porque aparte de ley el pecado estaba muerto. De hecho, yo estaba vivo en otro tiempo aparte de ley; mas cuando llegó el mandamiento, el pecado revivió, pero yo morí. Y el mandamiento que era para vida, este hallé que fue para muerte. Porque el pecado, recibiendo un incentivo mediante el mandamiento, me sedujo, y mediante él me mató. De manera que, por su parte, la Ley es santa, y el mandamiento es santo y justo y bueno" (Romanos 7:7-12).
Por lo tanto, la Ley era un preceptor o instructor que conducía a Cristo: "Por consiguiente, la Ley ha llegado a ser nuestro tutor que nos conduce a Cristo, para que se nos declarara justos debido a fe. Pero ahora que ha llegado la fe, ya no estamos bajo tutor" (Gálatas 3:24,25). La Ley perfecta de Dios, habiendo dado sustancia al pecado a través de la transgresión del hombre, mostró la necesidad de un sacrificio que conduciría a la redención del ser humano transgresor debido a su fe (Y no las obras de la Ley). Este sacrificio sería el de Cristo: "Así como el Hijo del hombre no vino para que se le ministrara, sino para ministrar y para dar su alma en rescate en cambio por muchos" (Mateo 20: 28).
Aunque Cristo es el fin de la Ley, sigue teniendo un valor profético que nos permite entender el pensamiento de Dios sobre el futuro: "Porque, puesto que la Ley tiene una sombra de las buenas cosas por venir, pero no la sustancia misma de las cosas" (Hebreos 10:1). Es Jesucristo quien hará que estas "cosas buenas" se hagan realidad: "Porque esas cosas son una sombra de las cosas por venir, pero la realidad pertenece al Cristo" (Colosenses 2:17).

4 - El Nuevo Pacto entre Dios y el Israel de Dios

 “Sobre ellos haya paz y misericordia, sí, sobre el Israel de Dios"

(Gálatas 6:16)

El mediador del Nuevo Pacto es Jesucristo: "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, un hombre, Cristo Jesús" (1 Timoteo 2:5). Este Nuevo Pacto cumplió la profecía de Jeremías 31:31,32. Los que se benefician del Nuevo Pacto son los “hombres” que tienen fe en el sacrificio de Jesucristo, según 1 Timoteo 2:5 (Juan 3:16). El Israel de Dios representa a toda la congregación cristiana. Sin embargo, Jesucristo mostró que este Israel de Dios tendría una parte celestial y otra terrestre.
El Israel del Dios celestial está constituido por los 144000, la Nueva Jerusalén, la capital de la cual fluirá la autoridad de Dios, que viene del cielo, sobre la tierra (Apocalipsis 7:3-8), el Israel espiritual celestial compuesto por las 12 tribus de 12000 = 144000: "Vi también la santa ciudad, la Nueva Jerusalén, que descendía del cielo desde Dios y preparada como una novia adornada para su esposo" (Apocalipsis 21:2).
El Israel espiritual terrestre de Dios estará formado por humanos que vivirán en el futuro paraíso en la tierra, siendo designado por Jesucristo como las 12 tribus de Israel: "Jesús les dijo: En verdad les digo: En la re-creación, cuando el Hijo del hombre se siente sobre su trono glorioso, ustedes los que me han seguido también se sentarán sobre doce tronos y juzgarán a las doce tribus de Israel" (Mateo 19:28). Aquel Israel espiritual terrestre está también en la profecía de Ezequiel los capítulos 40 al 48.
En la actualidad, el Israel de Dios está constituido por los cristianos fieles que tienen la llamada celestial y los cristianos que tienen una esperanza terrestre (Apocalipsis 7:3-8 (144000) (esperanza celestial) ; 9-17 (la Gran Muchedumbre) (esperanza terrestre)).
En la noche de la celebración de la última Pascua, Jesucristo celebró el Nuevo Pacto con los fieles apóstoles que estaban con él: "También, tomó un pan, dio gracias, lo partió, y se lo dio a ellos, diciendo: “Esto significa mi cuerpo que ha de ser dado a favor de ustedes. Sigan haciendo esto en memoria de mí”. 20 También, la copa de la misma manera después que hubieron cenado, diciendo él: Esta copa significa el nuevo pacto en virtud de mi sangre, que ha de ser derramada a favor de ustedes" (Lucas 22:19,20).
Este Nuevo Pacto concierne a todos los cristianos fieles, cualquiera sea su esperanza (celestial o terrestre). Este Nuevo Pacto está estrechamente relacionado con la circuncisión espiritual del corazón (Romanos 2:25-29). Mientras el cristiano fiel tenga esta circuncisión espiritual del corazón, puede consumir el pan sin levadura y la copa que representa la sangre del Nuevo Pacto (cualquiera que sea su esperanza (celestial o terrestre)): "Primero apruébese el hombre a sí mismo después de escrutinio, y así coma del pan y beba de la copa" (1 Corintios 11:28).

El pacto para un Reino celebrado entre Jesucristo y los 144,000

"Sin embargo, ustedes son los que con constancia han continuado conmigo en mis pruebas; y yo hago un pacto con ustedes, así como mi Padre ha hecho un pacto conmigo, para un reino, para que coman y beban a mi mesa en mi reino, y se sienten sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel"

(Lucas 22:28-30)

El Pacto para un Reino se hizo en la misma noche en que Jesucristo celebró el Nuevo Pacto. Esto no quiere decir que sean dos alianzas idénticas. El Pacto para un Reino es entre Jehová y Jesucristo y después entre Jesucristo y los 144,000 que reinarán con él, en el cielo como reyes y sacerdotes (Apocalipsis 5:10; 7: 3-8; 147: 1-5). El pacto por un reino sellado entre Dios y Cristo es la extensión del pacto con el rey David que garantiza la permanencia de su dinastía en el trono real del cual Jesucristo es tanto el descendiente directo en la tierra como el rey celestial ungido por Jehová (2 Samuel 7:12-16, Mateo 1:1-16, Lucas 3:23-38, Salmo 2). El pacto para un reino sellado entre Jesucristo y los 144,000 es, de hecho, una promesa de matrimonio celestial, que tendrá lugar poco antes de la gran tribulación: "Regocijémonos y llenémonos de gran gozo, y démosle la gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Sí, a ella se le ha concedido estar vestida de lino fino, brillante y limpio, porque el lino fino representa los actos justos de los santos" (Apocalipsis 19: 7,8). El Salmo 45 describe proféticamente este matrimonio celestial entre el Rey Jesucristo y su esposa real, la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:2). De este matrimonio celestial nacerán hijos terrestres del reino serán los príncipes, como representantes terrestres de la autoridad real celestial del Reino de Dios: " En lugar de tus antepasados llegará a haber tus hijos, a quienes nombrarás príncipes en toda la tierra" (Salmos 45:16, Isaías 32:1,2).

Las bendiciones eternas del Nuevo Pacto y el Pacto por un Reino cumplirán los términos del Pacto de Abrahán, que bendecirá a todas las naciones al final de los mil años y por toda la eternidad. La promesa de Dios se cumplirá plenamente: "Sobre la base de una esperanza de la vida eterna que Dios, que no puede mentir, prometió antes de tiempos de larga duración" (Tito 1:2).

Jesucristo el único camino de la salvación

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